La ley del spoiler

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El diablo, Drácula, Darth Vader, Monty Burns… la humanidad siempre ha tenido terribles archienemigos, seres hechos de pura maldad cuya mera mención sirve para atormentarnos e inundar nuestras noches de pesadillas. El último en unirse a esta interminable lista es el ¡¡SPOILER!!

A estas alturas casi todo el mundo se ha comido un spoiler al menos una vez en la vida. Y es que esto de reventarle el final de una historia al prójimo es algo viejo, sólo que ahora está viviendo una segunda juventud. El spoiler de toda la vida tenía algo bueno y es que, como Paquirrín o Leticia Sabater, era de corto alcance… uno podía joderle la marrana a un amigo o un familiar en una conversación, como mucho podía soltarlo en medio de una cena y que el radio de acción de la bomba afectara a cuatro o cinco personas, poco más. Además, el spoiler vivía de forma parasitaria en un tipo concreto de personas, creando una relación simbiótica muy particular. Para soltar un spoiler había que ser muy consciente de ello; el personajillo que lo hacía tenía un cariz de mala baba, de gracioso sin gracia, de rencoroso que te tenía una guardada desde hace tiempo. Eso si, el spoiler marcaba a su hacedor con una letra escarlata que lo identificaba como un apestado social, como alguien al que mantener a cierta distancia prudencial… esto es así. De hecho, cada vez que vayáis al cine y veáis a alguien que acude a ver la película sin compañía, no penséis: “que tipo tan sofisticado, no le importa ir al cine solo”, pensad mejor: “cuidado con ese, seguro que el hijoputa le contó el final de El sexto sentido a todo el que pudo”.

Bueno, estaban los cabritos y luego estaba Homer…

Pero el asunto de los spoilers se volvió incontrolable de la mano de Internet y las redes sociales. Lo que antes era un graciosete más o menos manejable se convirtió en una legión de blogers, trolls, haters e hijosputa varios dispuesto a reventar cualquier hito importante de toda peli, serie, libro, cómic, etc. Amén de los Homers de la vida que no se enteran de que sus cuentas de facebook, twitter o instagram son ventanas abiertas al mundo.

Y con la era virtual llegaron varios problemas más:

En primer lugar, la atemporalidad. El spoiler se convierte en algo capaz de sobrevivir hasta el fin de los tiempos. Si alguien quiere, en este 2014, informarse sobre “The Sopranos” para ver si realmente merece tanto la pena ver la serie es fácil que simplemente mirando un poco en google se cruce con una pista o crítica feroz sobre el final de la historia… Si, tío, aquello te traumatizó ¡Pero sé un hombre y supéralo en lugar de joderle 86 maravillosos episodios al prójimo!

En segundo lugar el alcance. Uno ya no puede contener el spoiler avisando a sus amigos o no leyendo a sus conocidos; cualquier “me gusta”, retweet o mención puede hacer que un tipo de arkansas al que no conoces de nada te reviente tu serie favorita. Ante esto sólo puede ponerse un remedio, la abstinencia total de las redes sociales… y la verdad es que, con lo enganchadetes que estamos, eso es algo chungo de lograr.

También está el tema del postureo. Spoilear se convierte en una forma de conseguir notoriedad, es como escribir en tinta invisible: “Yo ya lo he visto, sé lo que pasa… y tú no”. Se establecen dos categorías: el spoileador y el spoileado (aka vencedor y vencido) y se crea una escalada de violencia revienta finales, una guerra preventiva de la información en la que la máxima es “cuenta antes de que te cuenten”.

Otro problema añadido es el “ingenio colectivo”. Las redes sociales generan en nuestro interior la necesidad de demostrar al mundo lo graciosos o creativos que somos, así que si sucede un acontecimiento en una de las ficciones de moda se genera un terreno propicio para que nos luzcamos. Aquí es cuando comienzan a aparecer los comentarios irónicos y con segundas o los juegos de palabras sobre el spoiler (ese mencionar sin decir tan dañino); para mi los que hacen esto son los “calienta braguetas” de la red, te ponen tontorrón pero al final te dejan a dos velas… ¡Si vas a spoilear, por lo menos ten la vergüenza de ir de frente, macho!

El colmo del asunto: que la propia cadena spoilee a sus seguidores.

El colmo del asunto: que la propia cadena spoilee a sus seguidores.

Mención aparte merece cuando comienzan a aparecer memes, fotomontajes, vídeos, parodias y demás sandeces que proliferan a la misma velocidad que los hinchas del Atlético en este 2014… Seamos sinceros, el video de reacciones de la boda roja era muy gracioso y ocurrente, si, ¡Pero por el cristal de la ventana se reflejaba todo el puñetero episodio! No os dejéis engañar, este tipo de creaciones son también spoiler, nacen bajo el influjo del spoiler y deben ser tratado como spoiler. 

Y tampoco nos libramos de esto los profesionales, pobres ilusos que nos creemos por encima del bien y del mal y nos ungimos injustamente con la autoridad suficiente para, con la excusa de explicar o analizar un guión, destripar la peli de turno en un acto cruel que nos asemeja más a Jack El Destripador dándose un baño de vísceras en Whitechapel que a un bien intencionado docente… ¡Spoiler también! Yo mismo lo he hecho aquí, aquí o aquí y confieso que por las noches no logro conciliar el sueño acosado por la gravedad de mis crímenes.

Seguramente habrá quien defienda su libertad de expresión en internet, su derecho a hablar con quien quiera y de lo que quiera por las redes sociales. Estos librepensadores argumentarán que el spoiler es culpa del descuidado que lo lee/oye y no del desalmado que lo escribe/cuenta… pero vaya, que ese argumento tiene el mismo peso que el de un miembro de la Asociación Nacional de Rifle soltando aquello de: “Las armas no matan, matan las personas”… ¡Tequieiporahíya! Los spoilers matan y punto; matan las ilusiones, que es el crimen más horrendo de todos.

Y por si os lo estáis preguntando: no, no vale con avisar antes con la típica foto de Sheldon Cooper diciendo “alerta spoiler”… eso es tan cínico como el “fumar mata” de los paquetes de tabaco. Si mata, no lo hagas.

Por todas estas razones y otras cuantas que seguramente se me escapen, creo que ha llegado la hora de promulgar la ley del spoiler. ¡Que ningún otro final reventado quede sin castigar; no más listillos que saben cómo acaban “los juegos del hambre” sueltos por la calle; que nuestros hijos se críen en un mundo en el que nadie les cuente la verdadera identidad de Keyser Soze!

Muchos me tildarán de loco, pero yo os animo a pensar en el castigo propicio para los spoileadores: desde un mes llevando cepo a obligarles a escuchar la discografía completa de Pitingo… nada sería demasiado cruel para ellos. Vuestras propuestas serán más que bien recibidas en los comentarios de este post.

Y sobre todo ¡No os relajéis! Hoy mismo está la red infectada de spoilers sobre el último giro inesperado en “Juego de tronos”… esto no acaba nunca. Yo, afortunadamente, he leído todos los libros y sé lo que pasa… pero no hay derecho a que la gente no pueda pasearse tranquilamente por twitter sin que algún cabrón le descubra que los dragones han descuartizado a Daenerys en un ataque de locura.

 

Hasta que nos leamos.

Una veta por explotar

Me asomo fugazmente para enlazar el último post que he escrito en el blog colaborativo “Innnovación Audiovisual”.

Espero que os resulte interesante y me disculpéis porque las publicaciones en esta página hayan disminuido un poco últimamente. Entre dividir los artículos entre dos sitios y cuestiones personales y de trabajo, el último mes no he podido estar tan encima del blog como quisiera… prometo cogerle el pulso en cuanto me sea posible.

 

Hasta que nos leamos!

El motor interno

Diapositiva1Últimamente he visto dos series que me han hecho pensar mucho en la construcción de personajes; y lo han hecho por no quedarse en el paradigma habitual, por no conformarse con lo establecido y querer conseguir capas nuevas de profundidad en sus protagonistas. Las series en cuestión son “Masters of sex” y “Boss”.

Cuando los guionistas diseñamos personajes solemos hacerlo a base de conflictos, entendiendo por éstos los diferentes problemas con que se encontrará en la historia y que harán que sea interesante para el público. Entre los conflictos clásicos podemos diferenciar tres tipos:

- Conflictos externos: del tipo “tengo que salvar el mundo/atracar un banco/perder la virginidad antes de graduarme”. Suelen utilizarse como el gran motor de la historia, lo que hace que la trama avance.

- Conflictos internos: del tipo “le tengo miedo a volar/ no me gusta mi cuerpo/mi fe no me permite abortar y quiero hacerlo”. Normalmente se usan para profundizar en tu protagonista, otorgarle matices y dimensión y que el conjunto sea más rico.

- Conflictos de relación: del tipo “amo a la novia de mi amigo/mi padre no acepta mi forma de vida/sufro acoso laboral”. Sirven para estructurar y crear las subtramas, o sea para las pequeñas historias adyacentes entre el protagonista y los secundarios.

Lo que me ha llamado la atención de las mencionadas series es que los guionistas usan el conflicto interno como motor de la historia. Tanto Bill Masters como Tom Kane se relacionan con el mundo exterior condicionados, en gran medida, por un trauma interior o problema personal. Esto, que ahora desarrollaré más detenidamente, es algo bastante poco habitual y que les ha funcionado increíblemente bien.

Si que es verdad que hay muchas historias donde el conflicto externo es de una naturaleza tal que se puede confundir con un conflicto interno aunque no lo sea:

- En “Boys don´t cry”, por ejemplo, el personaje de Hilary Swank ni tiene ningún problema con su identidad sexual (posible conflicto interno), lo tiene con la sociedad que no acepta su transexualidad y con el rechazo que despierta (conflicto externo o de relación).

- En “Mar adentro” el protagonista, en contra de lo que pueda parecer, no tiene ningún problema consigo mismo. Ramón acepta la vida que le ha tocado vivir y la disfruta al máximo, simplemente se ha cansado de hacerlo y prefiere dejar este mundo cuando y como él decida. El conflicto viene del exterior, de las leyes jurídicas y morales que le impiden suicidarse y de algunos de sus allegados, que pueden no entender bien esta decisión.

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

 

En el caso de las series, en las que hay mucho más tiempo para desarrollar a los personajes y los conflictos internos ganan en importancia, suele suceder un poco lo mismo: éstos parecen ser el aspecto central de la trama, pero rara vez alcanzan ese grado de relevancia. Veamos un par de ejemplos:

- Durante las últimas temporadas de “Breaking Bad”, el personaje de Jesse Pinkman tiene un claro conflicto interno: su remordimiento por todos los crímenes cometidos. Esto condiciona visiblemente la trama y a él (recaída en drogas, hastío, desilusión por la vida y sobre todo distanciamiento de Walter) pero no llega a constituirse en el motivo principal de sus actos; éstos vienen determinados por un conflicto externo como es la necesidad de salvar la vida, para lo que debe seguir obedeciendo a Walter en todo o acabará tan muerto como los que se le opusieron anteriormente.

- Algo parecido le sucede al protagonista de “The walking dead”; en las dos últimas temporadas Rick se encuentra sumido en la más profunda depresión, provocada por los demonios de todos sus actos inmorales y por los fantasmas de aquellos a los que no pudo salvar. Ello afecta a su rol como líder y su capacidad de mando, y por tanto a toda la trama… sin embargo no llega a ser el impulso substancial de ésta, ya que los continuos ataques zombi y las luchas entre grupos rivales le obligan a seguir actuando y avanzando.

Jesse y Rick son dos ejemplos de personajes cuyo conflicto interno habría parado la acción (querían rendirse) pero sus conflictos externos han actuado de motor, obligándoles a reemprender la marcha. Dramáticamente es algo muy rico y provechoso, pero ahora vamos a ver el ejemplo contrario, que es el que nos atañe.

- En “Masters of sex” el protagonista tiene un claro conflicto interno: no es capaz de aceptar sus fallos, su imperfecta humanidad. Los guionistas aprovechan esto para convertirlo en el impulso principal de muchas de sus decisiones, sobre todo en su forma de relacionarse con el resto de personajes. Así, Bill sabe desde el principio que él es el estéril dentro del matrimonio y no su mujer, pero como no puede asumirlo la hace pasar por un infierno de tratamientos médicos y por un calvario psicológico en su hogar que casi la destruyen. El ver qué trata así a alguien a quien ama le da al espectador una idea muy clara del personaje y lo define desde su propia esencia.

Algo parecido sucede en su relación con Virginia, a la que ama en secreto sin ser correspondido. En lugar de aceptar la derrota, Bill fuerza las cosas hasta el punto de comprometer su estudio e introducir una variable nueva con tal de obligarla a participar y así poder acostarse con ella (aunque sea de forma mecánica y científica).  Según avanza la temporada ella experimenta hacia él un acercamiento y después un rechazo. Bill, recompensa o castiga esto utilizando su posición de jefe (pasa de buenos modos y ascensos a malas formas y despido); de esta manera, la lectura que se hace el espectador sobre la forma de pensar del protagonista viene a ser: “como yo soy infalible y no me equivoco si haces lo que quiero, o sea lo correcto, tendrás éxito; de lo contrario no te quiero en mi vida”. Lamentablemente para él, la vida sin Virginia es mucho más gris y todo apunta (el final de la temporada lo confirma) que el arco de evolución del protagonista le va a llevar a afrontar de una vez su conflicto interno para que deje de dirigir su vida.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

 

Un planteamiento similar vemos en su subtrama con el Dr. Hass, al que no le perdona haber tenido éxito tratando a su mujer cuando él fracasó. La no aceptación de su imperfección le llevan a condenar a su aprendiz al ostracismo (aunque aquí se mezcla también el rechazo a ser padre debido al trauma infantil que arrastra con el suyo).

Incluso podría vislumbrarse que el conflicto interno está detrás del mismo estudio sobre sexo que da sentido a la historia: dado que él no sabe hacer el amor más que de forma fría, mecánica e impersonal debe encontrar un culpable que le descargue de culpa o fallo; se vuelca entonces en demostrar que el sexo es algo mucho más complejo de lo que se cree y que la sociedad coarta a las personas impidiéndoles disfrutar plenamente de ello. Da igual que haya gente como Virginia, Austin o Betty que han sido capaces de experimentar y alcanzar un conocimiento sexual mucho más amplio… como él no lo ha hecho, es que no se puede o no te dejan, ya que él nunca se equivoca.

Al final, el espectador comprende que todos los actos importantes del personaje, todos los giros de la trama a lo largo de una temporada entera vienen de la mano de su conflicto interno.

- Si hablamos de “Boss” el ejemplo es mucho más claro aun. El protagonista de la (bajo mi criterio) erróneamente cancelada serie está completamente definido por un conflicto externo: se está muriendo de una enfermedad rara. Pero a medida que avanza la serie el espectador descubre que todas las respuestas a su forma de actuar y las decisiones que toma vienen de la mano del contrapunto interno de ese gran conflicto: Kane no es capaz de aceptar que se muere y que el juego ha terminado. Por cierto, no lo he mencionado antes pero el personaje que interpreta Kelsey Gramer en la ficción es el alcalde de Chicago… Cualquier otro con más cabeza se habría retirado a disfrutar de sus últimos meses en paz y armonía, los más apegados al cargo hubieran diseñado una forma de dejar su nombre escrito en la historia de la ciudad pero Tom Kane no, él se empeña en aferrarse al poder como vía de escape y comienza una cruzada por imponerse a todo el que le rodea, ya sea adversario, aliado, amigo o familiar.

Esta necesidad de victorias (personales y políticas) es su respuesta a la derrota vital que va a sufrir. Kane mantiene tan en secreto como puede la enfermedad, como si así fuese un poco menos cierta; se medica buscando que no se le vea enfermo en vez de tratar de paliar los efectos, otro derivado de su negación interna. Como le recuerda su mano derecha Ezra Stone al final de la primera temporada, para saciar su sed de triunfo llega a cometer los más terribles actos y traiciones sin más motivo que, , el demostrarse a sí mismo que sigue siendo (como titula la serie) el puto amo del cotarro.

Ambos, Bill Masters y Tom Kane, suponen un tipo peculiar de protagonista; un poco anti héroes y un poco villanos. Lo que no se puede negar es que los dos encandilan al espectador, que resultan terriblemente interesantes;  y esto se ha conseguido en gran parte gracias al inteligente y novedoso diseño del personaje por parte de los guionistas.

 

Hasta que nos leamos.

Entrevista en Onda Cro

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Esta mañana me han entrevistado en el programa “Los productores” de Onda Cro. Ha sido media horita de lo más agradable charlando un poco sobre el mundo de las audiencias, a raíz de mi entrada en el blog Innovación Audiovisual de hace unos días, en la que trataba el tema.

Muchas gracias a Jaime López Amor, Pedro Palacios y al resto del equipo por brindarme la oportunidad de contar mis impresiones. Ahora que hemos abierto la veda, espero no tardar en repetir.

Podéis escuchar la entrevista completa aquí:

http://www.ondacro.com/index.php/entrevistasytertulias/1690-entrevista-a-javier-jauregui-guionista-y-creativo-20-de-febrero-de-2014

Por esta vez me despido diferente,

Hasta que nos oigamos!

¿Alta costura o prêt-à-porter?

Anoche se estreno el primer capítulo de “Velvet”, la nueva serie de Bambú para Antena 3. La emisión fue todo un éxito de audiencia y acaparó el mayor número de comentarios en las redes sociales. Hoy toca el día de las críticas y aquí va la mía.

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Si algo han demostrado Ramón Campos y los suyos en estos años es que saben construir productos sólidos por los que moverse de forma de forma segura, y “Velvet” cumple este paradigma a la perfección. La ficción tiene todos los elementos que mejor se le dan a la productora y que sirven para aglutinar frente a las pantallas a millones de espectadores; a saber: melodrama lujoso, historia de amor potente, actores principales con carisma y una producción técnica sobresaliente. De hecho, el proyecto comenzó como una comedia romántica y poco a poco se fue encauzando hasta la línea narrativa habitual de sus guionistas.

Una vez más, Bambú ha hecho alarde de esa capacidad que tiene para aprovechar un referente previo y construir un territorio nuevo y particular a partir de él. Ciertamente, no se puede decir que “Gran Reserva”, “Hispania”, “Imperio”, “Gran hotel” o “Velvet” sean copias o versiones de “Falcon Crest”, “Roma”, “Dowton Abbey” o “The Paradise”, respectivamente, pero si comparten con éstas la dosis justa como para resultar familiares al público y suponerles un producto cercano y apetecible. Unos verán en esta tendencia falta de creatividad, para mi es saber producir televisión…

Y efectivamente, el problema de Velvet (y de las últimas series Bambú, en general) no es que se parezcan demasiado a otra ficción inglesa o americana, no; es que se parecen demasiado entre ellas. La cantidad de producciones se está haciendo tan grande que para garantizar la buena marcha de todas ellas se recurre a la repetición de patrones de éxito, lo cual si bien es entendible también supone un riesgo importante. Globomedia, por ejemplo, lleva años explotando esa fórmula con eficacia en las audiencias, pero por el camino ha perdido el favor de una parte del público y de casi toda la crítica (los hasta ahora grandes aliados de Bambú).

Recapitulando lo visto en el primer capítulo de Velvet  encontramos, a mi gusto, demasiados elementos repetidos de sus anteriores historias:

1) La gran relación romántica se parece demasiado a sus anteriores amores imposibles (bien por familias enfrentadas como en “Gran Reserva” y “El Origen”, bien por diferencia de clases como en “Gran Hotel”). Por lo que he podido leer, el desarrollo de esta trama va a ser diferente, así que daremos un voto de confianza…

2) Otro aspecto recurrente que aparece es la familia como motor de conflictos. Éste es uno de los temas Bambú por excelencia y es lógico que siempre esté presente porque forma parte de la voz del autor, pero se echa de menos que por primera vez nos muestren a una familia bien avenida en cuyo hogar no vuelen cuchillos constantemente.

3) El tercer clásico que llama la atención es la ambientación de clase alta; bien sea el terrateniente viticultor, el patricio romano acomodado, el noble de principios del Siglo XX o ahora los potentados de postguerra… el caso es que Bambú siempre nos presenta personajes de alto poder adquisitivo. Esto para mi es un mérito muy yanqui, el conseguir que tu público se identifique con unos personajes de un entorno muy ajeno y seducirles con la belleza y el glamour de éste. De hecho, los guionistas siempre lo contrarrestan con la presencia de otros personajes más humildes y, por ello, funciona bien. Simplemente es que, una vez más, añoramos un planteamiento distinto.

4) Un padre con secretos inconfesables, una lucha fratricida por hacerse con las riendas de la empresa familiar, los trabajadores que viven en el mismo establecimiento en el que trabajan, una jefa/gobernanta especialmente estricta y que parece ocultar una relación amorosa con el jefe… todos estos elementos de “Velvet” ya nos suenan de muchas de las series anteriores de la productora. Soy conscientes de que las historias están todas contadas y de que lo único nuevo que podemos aportar es el punto de vista, pero se agradecería una vuelta de tuerca más profunda entre una ficción y otra.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

¿Quiere esto decir que los autores de Bambú están perdiendo frescura o que no son tan buenos como muchos suponíamos? Por lo poco que los conozco, mi respuesta es un rotundo no. He tenido la suerte de coincidir con Ramón Campos y Teresa Fernández Valdés un par de veces; en la primera les pitcheé un proyecto y en la segunda, Teresa nos recibió a mi socio y a mi para hablar sobre un documental nuestro en el que estaban interesados (por cierto, aprovecho la ocasión para meter una sucia cuña: Teresa, si estás leyendo esto… ¿Qué hay de lo mío?). En ambas ocasiones me quedó muy claro que ambos son dos talentos naturales y que entienden a la perfección los entresijos del negocio de la producción en este país. Por ello me inclino a pensar que si están haciendo un producto como “Velvet” es, simple y llanamente, porque es lo que la cadena quiere que hagan.

Uno de los trasfondos temáticos de “Velvet” es el cambio de la moda, la muerte de la alta costura debido a la irrupción del prêt-á-porter. Y creo que Bambú, como productora, está inmersa en ese mismo conflicto: están produciendo series a medida para la cadena, con un acabado de lujo y apariencia de alta costura, pero los diseños y materias primas (las historias, en este caso) son prêt-á-porter, y lo son porque es lo que dicta el mercado, lo que el cliente puede costear y lo que ya se sabe que funciona para millones de personas. Me recuerdan a los grandes diseñadores que de vez en cuando sacan una colección para H&M: lo hacen bien y bonito, les da de comer y no les lleva mucho tiempo, pero ni de lejos es un trabajo que les exija el 100% de su talento y capacidad.

Ramón Campos, Gema Neira, Cristóbal Garrido, Carlos de Pando, Ángela Armero, María José Rustarazo, Eligio R. Montero, Jaime Vaca y otros muchos (perdón por no citar a todos) son unos creadores excepcionales que nos han dado momentos, tramas y personajes sublimes; pero tengo la sensación de que están trabajando con el pie levantado del acelerador, sin abrir gas a tope y mostrar todo lo que tienen dentro porque es lo que toca (lo que casi siempre toca). Por suerte para todos, la productora se ha embarcado en un par de proyectos internacionales donde, quizá, si que se les permita o exija dar lo mejor de si mismos.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de la oportunidad que nos brinda “Velvet”: ir bien vestidos y elegantes aunque sea con las mismas prendas de siempre.

Hasta que nos leamos.

El Camino Mozárabe de Santiago

Permitidme que hoy dedique esta entrada a presentar la que ha sido mi más reciente producción audiovisual, el trabajo que me ha tenido ocupado desde el pasado septiembre hasta finales del año 2013. Se trata de un documental producido junto a los amigos de Digital Master para el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y coordinado por el Ceder La SerenaLa obra se titula: “El Camino Mozárabe de Santiago: La última aventura del Siglo XXI”.

El pasado miércoles 22 de enero tuvo lugar la presentación oficial del mismo en FITUR, así que ya podéis disfrutar todos con nuestra obra, que puede verse en Youtube y a través de ésta y ésta webs especializadas (Y por supuesto, aquí en este blog). Para los desconocedores del tema, El Camino Mozárabe es la vía de peregrinación hasta Santiago de Compostela que parte desde Andalucía. Se trata de uno de los recorridos más antiguos, ya que existe desde hace más de ¡¡once siglos!! aunque desgraciadamente hace cientos de años que cayó en desuso. Nuestro documental forma parte de un plan de actuación integral cuyo objetivo es recuperar esta vía y promocionarla entre los peregrinos, senderistas y amantes de los caminos. Afortunadamente, hoy en día se cuenta con rutas perfectamente señalizadas y una red de albergues y puntos de información o acogida a disposición del viajero.

Para que os hagáis una idea de lo que el Camino Mozárabe ofrece al visitante, ahí va un pequeño spot a modo de aperitivo.

La situación a la hora de encarar el proyecto era ésta: teníamos entre manos un producto muy potente y con un potencial tremendo, pero era poco conocido y partía en desventaja clara respecto al tradicional camino francés y otras rutas de peregrinación de la zona norte. Nos planteamos, por tanto, que la mejor forma de dar a conocer el Camino Mozárabe era desde su valor diferencial, a partir de aquellos atractivos que lo hacían único y distinto a todos los demás.

Por eso decidimos dividir la obra en varios fragmentos temáticos: juntos formarían un todo con sentido y unicidad, pero cada pieza podría también ser consumida individualmente. Esto último nos parecía especialmente importante para lograr una buena difusión en el entorno web, ya que varios vídeos de entre 2 y 3 minutos se moverían por internet y las redes sociales con total naturalidad, cosa más difícil de lograr en el caso del montaje total de 25 minutos.

Finalmente, produciríamos un mini docuweb a modo de resumen compactado de en torno a 7 minutos de duración, con idea de ser explotado como avanzadilla: quien quiera conocer el Camino Mozárabe se lleva una impresión bastante clara de lo que va a encontrar en estos 7 minutos; pero si se quedan con ganas de más, ahí están los 25 minutos para profundizar en cada uno de los aspectos apuntados en el vídeo corto.

Por su parte, el montaje alternativo, separado por temas, permitiría diseñar una distribución independiente para cada pieza y da la oportunidad al usuario de acercarse al Camino Mozárabe sólo desde el punto de vista que más le apetezca: un amante del arte puede conocer el patrimonio de esta ruta sin necesidad de ver también la parte de Naturaleza, alguien interesado en gastronomía puede esquivar las explicaciones históricas, un peregrino que busca información sobre los albergues puede hacerlo sin necesidad de descubrir los beneficios territoriales del Camino.

La producción la realizamos de forma conjunta entre Digital Master y un servidor, siendo responsabilidades mías el guión, la dirección de producción y la coproducción ejecutiva. Tengo que decir que me siento especialmente satisfecho de cómo ha salido todo ya que es el trabajo más importante que he realizado hasta la fecha asumiendo la máxima responsabilidad en la producción de campo… y no sólo conseguimos dormir bajo un techo cada noche, sino que también pudimos pegarnos alguna que otra comilona. Ya en serio, hemos sido un equipo pequeño y con una carga de trabajo importante, pero creo que hemos logrado sacar adelante un producto bonito, interesante y competitivo.

Ahora comienza la difícil tarea de la difusión. Lamentablemente esa parte ya no es responsabilidad nuestra (¡nos hemos enganchado al mozárabe y queremos más!) pero esperamos que este trabajo alcance el nivel de exhibición que merece y ayude a traer peregrinos al Camino Mozárabe de Santiago, que es de lo que finalmente se trata. Ojalá en breve podamos contar que el documental de 25 minutos va a emitirse en alguna televisión pública (se cerró en esa duración para ello) o que las versiones subtituladas al inglés y al alemán (que también las hay) están triunfando fuera de nuestras fronteras… de momento vamos a centrarnos en darlo a conocer, que os guste y que lo compartáis un poquito en vuestros muros de Facebook, time lines de Twitter, etc. etc.

Antes de acabar, me gustaría dar las gracias a todos los miembros del equipo por su enorme profesionalidad, el buen rollo del que han hecho gala y su entrega a este proyecto: Manu, Carlos, Virginia, Ángel, Juan Carlos, Roger, Peti y Elena han dado todo lo que tenían dentro por nosotros, y eso es un lujo… lo mejor que me llevo de esta experiencia.

Mención aparte se merece Nico, el director de documental, sin el que nada de esto hubiera sido posible (uno lee esta frase como un cumplido, una formalidad vacía, hasta que tiene la suerte de cruzarse con alguien que la dota plenamente de sentido); la capacidad de trabajo y sacrificio exhibidas en unas circunstancias que, lamentablemente, no han sido las más idóneas nos han servido a todos como una impagable lección de coraje y amor por este trabajo. Gracias amigo.

Os dejo aquí los enlaces a todos y cada uno de los vídeos que componen este trabajo, espero que os gusten.

Docuweb de 7 minutos.

Documental completo de 25 minutos.

El camino desconocido (pieza histórica)

El camino tranquilo (pieza sobre espiritualidad e infraestructuras)

Un legado diferente (pieza sobre patrimonio artístico)

Paisajes por descubrir (pieza sobre naturaleza)

El camino de los sabores (pieza sobre gastronomía)

El camino y los territorios (pieza sobre desarrollo rural)

El camino acogedor (pieza sobre relación con la gente del lugar).

Hasta que nos leamos!

La excepción que confirma la regla

breaking bad globos de oro

Anoche se concedieron los Globos de Oro 2014 y, al fin, se hizo justicia con Breaking Bad premiándola como mejor serie dramática del año (además de conceder el galardón de mejor actor a Bryan Cranston).

Hace un año escribía en este blog una teoría acerca de la duración de las series, teoría ejemplificada con la relación de series ganadoras del Globo de Oro en este siglo. Anoche, los críticos que votan estos premios hicieron lo contrario de lo que yo denunciaba en el post, premiaron a una serie al final de su andadura y no al comienzo; y lo hicieron porque Breaking Bad sólo puede paladearse con todo su exquisito sabor al cierre de la historia. Y es que a diferencia de la mayoría de producciones, que se alargan hasta el infinito buscando la rentabilidad, las aventuras de Walter White han durado lo que tienen que durar, ni un minuto más (a pesar de la enorme tentación de seguir explotando la trama).

Han sido 5 temporadas (4 y media en realidad, ya que la primera fue más corta) de duración, un poco más de lo que yo creía recomendable en mi teoría; por eso es la excepción que confirma la regla… porque al igual que le sucedía a The Wire (mi otra excepción) Breaking Bad es una obra maestra en su género que marcará una época y una manera de hacer las cosas. Y si algo nos ha dejado claro la Historia del Arte es que a las obras maestras no se las pueden juzgar con el mismo rasero que a las demás.

En cualquier caso, me alegro mucho de este triunfo. No sólo por ser un incondicional de la serie y porque se haya impuesto la calidad frente a la popularidad de masas, también porque ha quedado claro que tener la historia completa en la cabeza todo el tiempo y no ceder a la tentación de estirar el chicle más de lo necesario da siempre los mejores resultados.

 

Hasta que nos leamos.